Cuando hace un par de años Julio Linares dejó de ser Consejero Delegado de Telefónica SA, no sólo se le indemnizó con un suculento aporte a su plan de pensiones, un rico rescate de stock options y un nuevo cargo en Italia Telecom, seguía siendo consejero de la Empresa. Decenas de millones de euros.

 

Este año se anuncia la marcha de Cesáreo Alierta de la presidencia y no sólo se le indemniza con un enorme aporte a su plan de pensiones, un valioso rescate de stock options y un salario astronómico, sino que se autopostula para presidente de Fundación Telefónica y sigue siendo consejero de la matriz. Decenas de millones de euros.

 

Como estos dos casos y aunque en menor medida, aparecen decenas de altos ejecutivos consejeros y directores generales, que se llevan lo que un trabajador medio no gana en varias reencarnaciones.

 

En los últimos veinte años la acción de Telefónica ha bajado verticalmente, se han tirado a la basura miles de millones de euros en inversiones fallidas, se han quebrado decenas de iniciativas, se han destruido decenas de miles de puestos de trabajo, se han perdido decenas de puntos porcentuales en presencia comercial, se ha depreciado la imagen de Telefónica, se ha perdido calidad y proximidad al cliente, se han cerrado oficinas y centrales, se han reducido garantías y derechos laborales, se abandona el mantenimiento inmobiliario y de la red, se desechó el servicio público, se fraccionaron y vendieron áreas enteras, se precarizaron las contratas, se demoró o se suspendió la red óptica universal… Bien es verdad, que alguna de estas decisiones fue por cacicadas del gobierno.

 

Ahora tras la firma de una nueva destrucción de miles de empleos, tras el consiguiente desvío de rentas del trabajo a rentas del capital, tras nuevos recortes de más derechos y garantías, tras la incautación de sus aportaciones personales de previsión, tras nuevas ventas de inmuebles y áreas de actividad… se hurtan incentivos, gratificaciones, vestuario, herramientas, formación, seguridad y salud, recursos… Todo más precario.

 

Y si no se cumple el Plan de destrucción de puestos de trabajo previsto por la Alta Dirección, se coacciona amenaza y presiona a los teóricos “voluntarios”, para que se vayan; un autodesempleo forzado, pero de apariencia espontánea, feliz, universal, no discriminatoria y ventajosa.

 

¿Merecían los gestores y administradores de Telefónica un trato tan beneficioso? Obviamente NO, porque son sus responsables ejecutores. ¿Merecían los trabajadores ese castigo? Obviamente NO, porque no son responsables, sino sufridores.

 

Eso es lo que no cuenta la RSC de la Dirección, eso es lo que no aparece en los medios de comunicación, eso es lo que no dicen los agentes sociales, (que muestran su cara más real: comisionistas, intermediarios, tratantes), eso es lo que procuran ocultar y enmascarar, ese es el trabajo trilero de pretender defender algo empeorándolo, de mentir y engañar, de quejarse siendo la causa, de acusar a otros de sus culpas, de castigar y condenar a amplias capas sociales con sus estafas y traiciones. Pero claro, cuando se come de las sobras del poderoso, no se le debe molestar con quejas, aunque sean justas. Y eso es lo que un régimen cobarde y de pesebre no desea, mostrar la realidad dura, clara, inmediata, contundente y miserable, que asola España. Nos fuerzan a que sigamos diciendo, que el traje del rey es magnífico y admirable, cuando sabemos internamente, que su traje es de lamentos del Pueblo.